"Tendí cuerdas de campanario a campanario; guirnaldas de ventana a ventana; cadenas de oro de estrella a estrella, y danzo." R.
Mi Flor

Cada uno de nosotros es el total de sumas que no ha contado: reducidnos de nuevo a la desnudez y a la noche y vereis como empezó en Creta hace 4000 años, el amor que ayer terminó en Texas.
Feliz día de nuestra vida juntos

“Siempre has hecho lo que te ha dado la gana. Te tenías que marchar y te marchabas. Nada nunca te hizo cambiar de idea. Ya estoy harta de tus decisiones. No sé si mi voluntad es más fuerte, pero aún así hoy entras en la parte incosistente de mi biografía.
Porque nunca más soportaré a un imbécil que se crea que ha sido el primero en descubrir que siempre hay que estar en funcionamiento, viviendo, atravesando países, bebiendo absentas y fumando hachís de importación, bailando por bailar, viendo amaceres por verlos, aguantando colas para escuchar a hombres que rasgan guitarras o puntean mandolinas, conociendo a personas que te cruzas por la calle, oyendo a predicadores de plaza, discursos de tres duros que se elevan a la categoría de lo eternamente respetable, dándonos besos con gente que hace mimo en los parques públicos, consolando taberneros llenos de problemas conyugales, deudas, ludopatías, asistiendo a exposiciones llenas de chicas con las uñas marrones y el pelo color vino burdeos que pintan manchas o esculpen úteros que jamás terminan de rellenar, charlando, oyéndote contar la triste historia de tu madre, abriéndome forzosamente, comiendo conejo, callando cuando todo me parecía absurdo, maquillándome los ojos de morado, subiendo en bicicleta a fiesas de pueblos en la cima de una montaña, de noche, teniedo que creer que todas las flores de las laderas se te habían hecho mariposas.
Y yo todo el día pecando contra ese decálogo, sintiéndome culpable por mi melancolía, por mi necesidad de compartir contigo un cuarto oscuro, iluminado por velas, con una cama grande y la ventana clausurada y personas con máscaras impenetrables, formas, que se encargasen de traernos alimentos; tan idiota por mi sensación de estar perdiendo las horas, la intimidad, condenada por mi cansancio crónico, por mi propensión a la mudez o a la acritud en las palabras, rabiando porque siempre me sentó muy mal el alcohol y nunca me gustó el norte, ni el conejo y, a la vez miedosa, sin poder ser como yo soy por temor al abandono, a la sustitución de mi parquedad por la risa tan continua, tan clara, tan estúpida, tan agradable de una de las del pelo rojo. Siempre existen preferencias dentro de las excentricidades y a ti te hubiese gustado más bañarte desnudo a la luz de la luna bajo la peligrosa mirada de un policía, que sencillamente bañarte conmigo a la luz de la luna. Pero todo eso me interesa ya una mierda.
Nunca más los celos, ni el deseo del vacío cuando me asomo a un balcón, ni la necesidad de desaparecer y que me eches de menos, que veas lo que has perdido, que mi familia me llore y a ti te vaya a buscar para mirarte con asco. Nunca más escribir cartas llenas de mensajes que ahora pueden avergonzarme, cartas que nunca quemarás por vanidad, cartas donde sólo te lees tú y no sabes nada de mí, frases que se tienen todo el día en la memoria, tantas horas de encierro por decirte algo. Ahora clavarás mis cartas con chinchetas contras las paredes, en pública exposición.
Pero sobre todo, nunca más sentirme fea mientras follo. Por la mala conciencia de estar molestando, de que mi necesidad era mucha, de que estábamos tan perfectamente acoplados como el ala a la espalda de los ángeles o el arco al brazo tenso del arquero y que tú lo sabías y que quizá era eso lo que te aterraba, el nudo era muy fuerte, angosto, y entonces tenías que humillarme, mentirme, hablarme de otras mujeres, librarte una vez más de mí.
Ya me he hecho bastante daño y ahora he decidido mi rencor. No existes, no volveré a dirigirte la palabra. Ni con el pensamiento.
Cuando me vengas a la cabeza decidiré bajar una cortina. No me pidas nada, acabo de llegar y ya no me preguntes cuándo volveré a salir de viaje.”
Marta Sanz
Picnic checheno
Minolta x-370s
Casa de Campo Madrid Febrero 2012
